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Tuesday, 5 February 2013

Burda/Perfecta





… E intenté serlo todo, pero tan poco conseguí.
Deseé miles de vidas y me abandoné.

Aunque tantos fueron felices a través de mis esfuerzos.
Mi vida…
el espejo de sus fracasos.
Mis sueños…
que se fueron de mí.

Todo lo fui
y fui nada.
¿Quién sabe si
en verdad existo?
Quizás jamás


…viviré…


…Me alegró haberlas conocido.
Aunque sólo hayas visto a una persona perfecta,
dejame decirte que nada es cierto, por más
que todo lo sea;
mis lamentos,
mis errores.

Mi vida burda…

Pero perfecta.
…Eso es lo que todos querían de mí.


¿Han visto mi felicidad?
La busqué durante años…
Insiste en desaparecer.


…busqué…


Dejé de hacerlo hace ya tanto tiempo.


¿Para qué ser feliz mientras todos lo eran?
No era necesario.
¿Para qué vivir si los demás vivían?

Quizás…

lo necesitaba.


Y fueron ustedes quien me hizo despertar.
Y su amor me apartó de la pesadilla.

¡Pobre niña! ¡Espejo del mundo!
…Y tan vacía de sueños propios.



Despertar,
para decirles… ¡es hora de darse cuenta!

No abandonen su identidad.
No distorsionen su alma.
Jamás piensen en ser perfectas…
Sólo serán

Burdas

…y tristes.


Despertar y darme cuenta:


Mi más profundo anhelo.
Mi gran deseo,
mi vida…

Que fue burda… y perfecta…



Burda
Perfecta

Burda
Perfecta

Burda…








¿Imperfecta?

…Feliz.

Tuesday, 1 January 2013

Sin almanaque



Comencé el año sin haber comprado o hecho un almanaque. Desayuné papas fritas y escribí una canción con una excelente amiga. ¿Hay una mejor manera de comenzar? ¿Qué podría hacer?
¿Hacer un balance a modo de corolario?


¿Resumir 366 días en un texto predecible y sentimentalista? Año biciesto, sí. Por si alguno llegó a olvidar el detalle.

¿Crear resoluciones?
Quizás, ¿por qué no? Esa última parece ser una buena idea, o cuando menos adecuada. ¿Original? Difícilmente. ¿Necesaria? Tal vez.
Veamos...


Tratar de ser un poco más feliz, menos mediocre. Intentar relajarme y abandonar el estres innecesario, la ansiedad hacia la incertidumbre, hacia esa gran incógnita que es el futuro. No pretender saber cada paso que daré. Vivir abiertamente, y no prestarle tanta atención a las premoniciones, viejas amigas que siempre me han acompañado... Ponerle un poco más de color y alegría a mi vida, en todos los aspectos. Sublimarme a la irreverente sobriedad y el enclaustramiento de la jovialidad no parece ser una de las mejores ideas. Nunca lo fue en realidad, pero por primera vez me permito darme cuanta de que es así. Ser menos premeditado, menos pensativo, bajar la guardia y disfrutar más. Aunque suene absurdo y perezoso, esforzarme un poco menos. Dar todo de mí sin morir en el intento, mejor dicho. No dispersar la energía, sino concentrarla. Y perder, definitivamente, el temor a decir que no.

A media hora de que termine el primer día del año, podría continuar pensando en reglas y estructuras, consejos y advertencias a mi conciencia. Tratar de, en un breve párrafo, maximizar las oportunidades de éxito de los próximos 364. No estoy contando el presente. Está por terminar. ¿Tendría sentido hacerlo? ¿Contar y resumir? ¿No sería esa una forma de establecer como epílogo del año aquel texto predecible, sentimentalista? ¿Aquel balance innecesario?

La máquina terminó de lavar la ropa. Me voy a continuar la vida.

Hasta pronto.

Wednesday, 31 October 2012

Sentirse estúpido y la intelectualización freudiana


Redefiniendo las aristas de todo aquellos que uno sabe; la vulnerabilidad del pensamiento en contraposición a la versátil fragilidad de la sabiduría. Tratar de complejizar lo simple es casi tan estúpido como intentar de simplificar lo complejo. Hay, a pesar de esto, breves momentos en los que nos resulta inevitable sentirnos estúpidos. Las comparaciones suelen ser crueles, para nada ecuánimes. Decididamente arbitrarias. Nos obligan a llegar a un punto en que nos cuesta evaluar nuestro nivel de inteligencia ante la avasallante impulsividad de conocimiento, o sed del mismo, de que nos vemos rodeados constantemente. Es esa competición malsana, carrera de todos y de nadie contra la nada, o contra el todo, que tensa nuestro espíritu y desarticula nuestra capacidad de inhalación. Porque todo se reduce a eso, simplemente; nuestra habilidad de recordar qué somos, de qué estamos hechos. Nuestra sangre corre en unanimidad con la del resto del mundo, así como nuestros corazones laten al unísono. Aunque algunos parecieran latir más fuerte, o más rápido. O comprender más y mejor.

Esa competición nos desgracia la habilidad de ser misericordiosos con nosotros mismos, y La Parca se manifiesta tras nuestra abatida espalda para destazarnos con su vieja y oxidada guadaña, que la vida de tantos ya se ha cobrado, y lo seguirá haciendo mientras dure la existencia humana, que muchos dicen, entonará sus finales acordes a mediados de diciembre de este ecléctico e intenso año 2012. Puedo imaginar muchas ventajas si eso en verdad llegara a suceder; tal vez demasiadas, y eso, me gustaría decir que asombrosamente, no me asusta ni entristece en lo absoluto. Las desventajas son muy pocas. ¿Nos encontramos ante una redefinición de nuestro viejo planteo comparación/competición? Por supuesto.

Recaer en la intelectualización freudiana para sobrevivir nuestro sentimiento de estupidez es, sin dudas, una manera de sobrellevar la situación para evitar que duela tanto. Pero por más que la envolvamos y la ocultemos en lo más profundo del cajón, la manzana seguirá estando podrida… Lo hice nuevamente. Esta vez le tocó el turno a la racionalización. ¡Nunca aprenderé! ¿Es, acaso, el humor una mera manifestación de un proceso racionalista? ¿Es la solemnidad la apoteosis de la intelectualización?

¡Eureka! La respuesta que he estado buscando durante tantos años. El siguiente paso será sumergirme en los anales del subconsciente y hallar las piezas flojas, para que el reloj comience a dar la hora exacta de una vez y por todas… Otra exhortación racionalista… No es fácil ser tu propio psicólogo.