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Tuesday, 20 August 2013

El equinoccio de las palabras tuertas

Desdibujadas de la rutina
un alma que destruye la razón pura
y la practicidad de la mayéutica desnuda
despojada del ego
y del resultado.
Imprudente,
lógica,
y a la vez verosimil;
trastocada por la rutina,
la virtud despierta que abraza al infinito
que se desdobla y se bifurca
se tienta
se pierde
y se aleja del ser
sin siquiera despedirse.
En voz alterada
y alterante,
el equinoccio de las palabras tuertas
se asienta,
se establece y reverbera;
contempla
a través de la translúcida creación
la versatilidad del ser;
la mosca se detuvo sobre ella
y refutó la hipótesis,
la volvió nula e irrisoria;
destruyó cualquier intento
de siquiera considerarla alternativa
o debatible.
No logró,
ni logrará,
sin embargo,
embarazar la desesperanza del intelecto
de un destino pautado
que arde en los casquetes de los caballos
que esperan ansiosos
abrir su alma a los prados del mundo.
Certeros y definitivos. 

Saturday, 22 June 2013

Vibraciones del alma taciturna



Pensar con el corazón
y oírlo llorar en mis oídos
escuchar sus gritos
y percibir las vibraciones de su alma
que brama y suplica
que anhela la pasión de libertad
y del reconocimiento del deseo
que ve las alas desplumarse
a través de la ventana
y se pregunta,
ya incrédulo
de la respuesta acertada,
si algún día emprenderá el vuelo
y se llevará consigo
todos los vestigios del alma quebrada.

Charles A. Dylon

Sunday, 9 June 2013

cambiar el mundo

Escena extraída de "Alizane - El Caballero Enmascarado". Obra de mi autoría. Que la disfruten!
 
 


       Milo visitó a Anita esa noche. La encontró muy desalentada. Su rostro estaba cubierto en lágrimas. Al verlo, ella se levantó de un salto y corrió para abrazarlo con todas sus fuerzas. Su amistad era lo que más necesitaba en esos momentos.
       —¿Por qué estás tan triste? —preguntó él.
       —Por todo lo que está ocurriendo —dijo Anita.
       Ambos se sentaron en la cama. El viento soplaba muy frío más allá de la ventana, y las brisas que filtraban, irreverentes, enfriaban la habitación. Milo no supo qué contestar inmediatamente.
       —Sí, todo parece ser muy complicado, ¿no lo crees?
       Ella asintió.
       —¿Sabes qué es lo que más me molesta de todo?
       —¿Qué?
       —El Caballero Enmascarado parece arrebatar la esperanza de todos —musitó Anita mientras la angustia le oprimía cada músculo del cuello—. Es como si intentara destruir todo lo que es bueno y positivo en el mundo.
       —Bueno, él es un ser perverso —razonó Milo—. Imagino que ese es su deber.
       Ella le dio un golpe en el hombro. Luego se arrepintió y le acarició el rostro.
       —¿Por qué la gente elige ser mala? —soltó Anita.
       Milo tragó saliva. Tampoco estaba muy seguro de cómo debía responder a esa pregunta.
       —Pues, no creo que la maldad sea una elección. Algunas personas simplemente son como son.
       La mirada de Milo era tan sincera como siempre. Sus ojos marrones transmitían una cadencia confiable y serena, que por momentos se volvía nerviosa.
       —Tal vez tengas razón —murmuró Anita, para nada convencida, y luego esbozó una amplia sonrisa—. ¡Ya sé cuál será mi segundo deseo!
       Milo unió las manos sobre el regazo, ansioso.
       —¿Cuál es tu deseo, Anita?
       —Quiero que el mal deje de existir en el mundo. ¡Quiero que todos sean buenos y felices! —exclamó, fascinada.
       El brillo se desvaneció de los ojos de Milo, como empujado por una corriente de aire espeso y oscuro, cargado de tristeza y desesperanza. La impotencia lo obligó a torcer la espalda. Podía sentir su peso en cada vértebra.
       —No creo ser capaz de hacer eso, Anita… No tengo el poder suficiente para cambiar al mundo.
       —¡Por supuesto que sí! Los grandes cambios comienzan por los esfuerzos más pequeños, ¿no lo crees, Milo?
       Él sonrió.
       —Tienes razón —respondió.
       —¿Concederás mi deseo, entonces?
       Mientras le sostenía la mano, cálida y amablemente, Milo Wilkinson susurró:
       —Haría lo que fuera por la persona que cambió mi mundo.